viernes, 27 de abril de 2007

la opción "c"


esta vida no deja a uno de sorprenderlo. o será también que uno no se plantea las cosas, o no se para a pensar en las diferentes posiblidades que pueden surgir ante una incógnita: de las opciones que suele uno barajar (opción "a" u opción "b"), muchas veces acaba saliendo una con la que no contábamos, la opción "c".

realmente no me había preguntado qué tipo de público iría a escucharme el miércoles pasado a la casa de galicia en madrid. el panorama no era lo que se dice precisamente halagüeño: un día en mitad de semana, a las 8 de la tarde, madrid lloviendo a cántaros, en un sitio poco conocido...

eran las 7'39. bajé desde el megacamerino hasta la sala de exposiciones donde se iba a celebrar el recital, para recoger mi guitarra y afinarla con calmiña, y observé que ya había unas pocas señoras (sí, señoras, no es una palabra fea, ¿no?) aposentadísssimas en sus localidades. me sorprendió la puntualidad.

la sala tenía capacidad para unas cien personas, y como nunca me preocupó la cantidad de público que asiste a mis conciertos, pero sí su implicación dentro de mi movida, esta vez tampoco pregunté cuántas personas había.

lo que te comentaba antes acerca de la opción "c" tiene que ver con la heterogeneidad de mi público. sé que había gente de clase social alta. lo sé, creo que eso se ve. como contraste, estábamos los que vivimos al día, sin hipoteca ni ropa de marca. también había gente del partido popular, o como mínimo, "fragáfilos". jesús, dios mío, qué cruz, y yo cantando se quema la catedral como crítica a la pasividad de las administraciones ante los incendios veraniegos (no voy a esperar más explicaciones / mi corazón se vuelve bizco). y para terminar con las antítesis, pues había gente de veintipocos, otros estábamos más cerca de los 30, y así hasta 60 años. la mayoría de los espectadores superaba generosamente los 40. y eso me alegró, porque conecté con ellos de maravilla, sin yo plantearme ni ser gracioso, ni caer bien, ni ser correcto.

y funcionó. con el tema con el que suelo acabar los conciertos, la vida se va haciendo, bastó con decir que echaba de menos un percusionista para que surgieran espontáneamente esas benditas palmas, siempre tan desacompasadas.

no me gusta preparar las escasas intervenciones que hago entre canción y canción. creo que intentar ser natural es una de las claves para que el público se sienta cómodo. no vaya a ser que prepare un discursito "a" o un monólogo "b", y luego me toque un público tipo "c".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es decir, Manuelito, que con tanta opción lo tuyo parece un test... Creo que tienes que ser tú, independientemente de si el público luce melena rubia-artificial o palestina al cuello con pin republicano. No obstante, las charlas entre canciones me parecen muy importantes, porque dan más sentido al concierto y lo pueden engrandecer o achicar...
Ánimo de Anónimo

Marta Noviembre dijo...

¡Hola Manuel! Me parece que ésa es una de las grandes cosas de hacer música (yo también lo intento), que nunca sabes a quien va a llegar pero disfrutas cuando la disfrutan, indistintamente de sónde vengan. ¡Qué resultado más curioso éste concierto tuyo! Un saludo desde Barcelona de una total desconocida que acaba de dejar de serlo.